20-29.7.18
se dice que el camino primitivo es el camino más duro que hay en España en relación al desnivel de su recorrido. no sé si será cierto, aunque hay algunas etapas que sí son bravas. este camino me lo recomendaron algunos peregrinos con los que hablé en otros caminos, como la legendaria German Queen, cuyas aventuras pueblan la geografía hispana y son transmitidas de padres a hijos, al igual que en otros tiempos circulaban las hazañas de Pepa Loba.
otras cosas habituales en el camino y que claramente lo hacen más duro y también más enxebre, es que hay barro por un tubo en ciertas zonas (sobre todo en La Espina), lo cual ralentiza y dificulta la marcha; y también que los bares donde parar son habitualmente escasos, por lo que puedes andar mucho más tiempo sin comer del que habías previsto. lo mismo pasa con las fuentes, que escasean y según qué zonas puede ser un problema, claro que siempre hay gente maja que te rellena la botella (aldeanos, ciclistas, hasta turistas). un peregrino, y ya no digamos un samuro, acepta estas cosas tal y como vienen, así que sin mayor problema.
y ya que hablamos de esto, otro dato curioso de este camino es que hay bastante gente —y no hablo tanto de abuelos como de gente joven y aparentemente sana— que se hace llevar las mochilas en coche para no cargar con ellas en la marcha. fidelius se calla, por supuesto, pero para sus adentros opina que esas cosas no son samuras, y que como diría su hija de cinco años y medio, eso es hacer trampa. parte del camino es llevar tu propio peso encima, así de simple.
craso error pensar que el camino más duro estaría consecuentemente más despoblado. un ejemplo: en Grandas de Salime, los hospitaleros me dijeron que a las 10 de la mañana de ese día había ya veinte personas haciendo cola para entrar en el albergue, lo cual te hace pensar que, o esa tropa no hace verdaderamente el camino y racanea durmiendo en los albergues, o hace etapas de 10 kilómetros (por demencial que suene esto). cuando yo caminaba, las buenas gentes peregrinas hablaban con temor de un grupo de infames polacos cristianos, que llegaban en clerical armonía de 25 miembros y copaban los albergues. probablemente alguien les dijera algo, porque días después se habían dividido en dos grupos que llegaban en días distintos a los mismos destinos.


hoy en los bosques sucedió algo reseñable. después de mucha subida, de secarme constantemente el sudor abundante de las pestañas, la camiseta completamente empapada, jadeando pero sin gran cansancio en el augusto cuerpo, doblé hacia otra colina y el camino descendió ligeramente, se ensanchó y llegué a un recodo iluminado en medio del bosque umbrío. los árboles, muy altos, se erguían desde una altura doble o triple que la de mi estatura respecto a la vía terrosa.
el recodo, la luz inesperada, la respiración pausada, el dulce descenso del camino… los elementos naturales me llevaron a un intenso estado de bienestar y agradecimiento, tan momentáneo como real.

en la etapa más dura (42 km, uniendo dos etapas breves pero duras desde Pola de Allande a Grandas de Salime), hice un record personal samuro: salí del alberque de Pola con sólo un café en el cuerpo, y anduve 4,5 duras horas (fuerte desnivel de subida y de bajada) hasta que por fin pude desayunar en Berducedo. luego anduve otras 4 horas hasta la siguiente parada, en medio de la nada. 9,5 horas en ruta, más los descansos.

en Grandas no puede quedarme por la primera masificación del camino, pero me alojé en un hotel rural en Pesoz que también alquilaba la hospitalera. allí conocí a Pier, “el que habla como un padre” (en palabras de otro peregrino), glorioso compañero de las jornadas posteriores. sus amores: el hijo, la carpintería, la lucha libre y los filósofos antiguos; sus odios: el resto de los italianos del camino. sólo necesitaba cinco minutos para enemistarse con cualquier italiano que encontraba y dejarle las cosas claras. el camino primitivo hubiera sido muy diferente sin questo bravissimo compagno, y ojalá nos volvamos a ver, quizá en la Vía Francigena.

el castro de O Castro no abría más que dos horas al día en pleno verano, con la cantidad de peregrinos que podrían haberlo visto. estas cosas son muy penosas. Pier y yo trepando por las vallas electrificadas del centro de interpretación, que aportaron a nuestro peregrinaje moratones y electroshock, para descubrir luego que el castro no estaba detrás del centro, sin en una colina próxima, delante de nuestras narices. qué descojone con esto.



me encanta la niebla y el orbayu suave de las primeras horas, porque el paisaje cambia y así el día es más heterogéneo. bonitos paisajes campestres, cuestas suaves todo el tiempo, cuervos, gente puntual… más tarde la vista se aclara y todo se unifica en la nitidez.
hay un virus circulando entre los peregrinos. he tenido suerte y sólo tengo diarrea. en consecuencia, el cuerpo está más flojo de lo normal, sobre todo en las horas andadas antes del desayuno, que se hacen algo más difíciles, pero en cierta forma esto también me gusta, porque el ritmo de la marcha en esas horas también es más ligero, distinto del normal.


el hospitalero de As Seixas, pastor de ovejas, nos habló de las incursiones de los lobos por la zona (el del bar dijo que eran cruces de lobos con perros salvajes, y que por eso bajaban a los pueblos sin miedo al hombre). una manada mató lentamente a una vaca en un pueblo vecino comiéndola directamente desde las patas traseras hacia el centro, mientras otros lobos la inmovilizaban, atacando por delante. cuando la encontraron, se le veían los huesos al aire. no llegó al día siguiente.

en las etapas previas a Santiago, los apacibles albergues se convierten en unos ridículos campos de concentración: los albergues cierran y apagan las luces automáticas a las 22h, la hora de salida es a las 8 de la mañana, pero las luces bastardas se encienden a las 6.30, no sea que quieras dormir una hora más. por la noche sólo se pueden encender las luces de los baños… ¿pero qué es esto? ¿a qué viene tratar a la gente así?

poco antes de llegar al Monte do Gozo, después de Lavacolla, pasamos un parque industrial horrendo y un camping para peregrinos en la misma dejadez. la señalización del camino, tanto los escasos mojones como los carteles de madera, estaba degradada, semiarrancada, borrada. al llegar al albergue y dejar las cosas, vimos que sólo estaban abiertos tres de unos veinticuatro pabellones, y que tanto la cafetería como las zonas comunes y las tiendas de souvenirs estaban cerradas. una mujer que pasaba nos contó que el complejo llevaba varios años cerrado y que nadie se ocupaba de ello. después el personal del albergue me contó que en realidad el albergue siempre había tenido tres pabellones y que todo lo demás pertenecía al hotel (hotel? a 5 km de Santiago?). fue extraño porque la hospitalera y el guarda no querían contestar a las preguntas que les hacía, como si sospecharan que yo fuera un periodista y que podían perder sus respectivos trabajos.
como le dije a Pier, menos mal que está la propia ciudad de Santiago, bella entre las bellas, para borrar este desastroso primer contacto de dejadez total y abandono al recién llegado.



cada estrela, o seu diamante;
cada nube, branca pruma,
triste a lúa marcha diante.
diante marcha crarexando
vegas, prados, montes, ríos,
donde o día vai faltando.
falta o día, e noite escura,
baixa, baixa pouco a pouco,
por montañas de verdura.
de verdura e de follaxe,
salpicada de fontiñas
baixo a sombra do ramaxe.
do ramaxe donde cantan
paxariños piadores,
que ca aurora se levantan
que ca noite se adormecen
para que canten os grilos
que cas sombras aparecen.
Rosalía de Castro
