aún tenía la esperanza del que no puede creerse lo que está viviendo, y corrió mientras las últimas luces desaparecían. duró poco, en escasos minutos no veía por dónde pisaba. aún así, podía oir el rumor del río allá abajo, y pensó “si sigo el río, saldré de aquí”, así que bajó totalmente inseguro, entre árboles caídos, arbustos traicioneros, rocas resbaladizas. se cayó unas cincuenta veces; caídas suaves, resbalones. sólo una vez fue más aparatoso, y el cuerpo se dio la vuelta entera y se detuvo por fin, con la cabeza abajo, como soportando al resto. se quedó unos segundos mirando la hermosísima noche estrellada. luego se incorporó y siguió.
samuro fidelius
aquello es una roca.
crónica de un montañero
perdido de 40 años
