Zenón apretó el paso. anduvo él solo durante un buen rato por un camino que serpenteaba entre dos prados. el mundo entero parecía componerse de cielo pálido y hierba verde, saturada de savia, moviéndose sin cesar a ras del suelo como una ola. por un instante, evocó el concepto alquímico de la viriditas, el inocente abrirse paso del ser que crece tranquilamente en la misma naturaleza de las cosas, brizna de vida en estado puro, y luego renunció a toda reflexión para entregarse sin más a la sencillez de la mañana.
Marguerite Yourcenar
Opus nigrum
